Horacio Benavides o El Infierno del Hombre

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Conversacion a Oscuras – Horacio Benavides. Ed. Frailejon

Conversación a Oscuras es el último libro publicado por Horacio Benavides, editado por Frailejón Editores y cuya presentación en Bogotá D.C, se realizó el 27 de Abril del presente año en La Casa Tomada junto a los poetas Rómulo Bustos, Nelson Romero y José María Micó. En este libro, Benavides afinca el lenguaje en el horrido panorama de la violencia y lo usa para recordarnos los vejámenes históricos del país.

       A modo de ejemplo… cuentan que cuando Gogol terminó de escribir Almas Muertas, estuvo absorto en una ensoñación macabra, acodado a una ventana a través de la cual se extendía la Rusia del siglo XIX. Gogol logró en esa novela, la tarea titánica de producir una vivisección profunda del arquetipo humano a su alrededor, de los hombres con los que se sentía hermanado por la identidad inmaterial del lenguaje y de la cultura.

             Si es cierto que “el canto general de los infelices hace eco en la sangre del poeta”; -y por extensión en la del escritor-, entonces es posible que vivan en las grandes obras literarias de nuestro tiempo; como en Almas Muertas, Los Heraldos Negros o inclusive en Conversación a Oscuras, las voces de las víctimas de la guerra, el hambre, la indiferencia y la muerte.

             La Premio Nobel de Literatura 2015, Svetlana Alexievich, enunció: “A veces me pregunto por qué continúo descendiendo a los infiernos. Creo que lo hago para encontrarme con el ser humano”. Esto es, la necesidad –dolorosa acaso-, que tiene el escritor de tocar las fibras intimas de la consciencia y de la vida, para darle voz a los que sufren en silencio.

             No es otra cosa lo que ha hecho Horacio Benavides (Premio Nacional de Poesía 2013, Colombia) con su libro Conversación a Oscuras. En esta obra; palpitante y lúgubre, se mezcla la verosimilitud del testimonio de las víctimas del conflicto armado en Colombia, con la palabra poética fresca y original. Benavides no es un poeta de artificios o de fórmulas retoricas, sino que convence al lector por la verdad manifiesta –violenta acaso-, de la que él es un testigo en el tiempo.

             De hecho, Benavides ha vivido de primera mano el caos desgraciante de la violencia en Colombia. Ha dicho inclusive a los cuatro años vio por primera vez a un muerto. La ventana desde la cual Benavides ha visto su mundo, no es otra que su propia infancia. Una infancia que se repite a lo largo de Conversación a Oscuras tierna, inocentemente como un testimonio de nuestra historia fracasada de guerra y conflicto.

             Se descubren en los poemas de Benavides, personajes anónimos que gritan o que callan un dolor triste y macilento: Madres que ocultan a sus hijos; que recorren descalzos los caminos de la noche, decapitados que buscan la luz tibia de la sangre, el niño que se descubre entre cadáveres interpelado por el espectro del amor, un hombrecito desarrapado/ un hombrecito que no tenía/ de dónde agarrarse/ más que de un puñado de flores silvestres…, el grito vegetal de las aves que se confunde con el canto purpura del gallo al amanecer.

             Benavides desciende al infierno de la guerra y cifra en su voz, la voz melancólica de las ánimas en pena; se presta el rostro de aquellos que esperan desde la nada de la muerte, una victoria útil sobre la guerra, la injusticia y la impunidad. La poesía de Benavides es un vivido recordatorio de que aún nos queda mucho por hacer para construir un lenguaje de la paz, en Colombia.

           Es posible decir que la importancia de la poesía hoy cifra en la esperanza de escuchar la voz de todos los hombres a través del cristal de la memoria; sin olvidar que nuestro pasado contiene un reflejo cambiante del futuro y la posibilidad para obrar con más amor y más justicia. Al invitar al lector a conocer la obra poética de Benavides, se le invita a conocerse a sí mismo y a la historia humana que nos hermana a todos.

“Te metieron en una bolsa negra
y te llevaron al monte

yo por entre los matorrales los seguí

Los hombres decían chistes
cavaban y reían

Cuando las cosas empezaron a calmar
fuimos al monte y te trajimos a la casa
para que no te sintieras solo, hermano

Ahora estás en el solar

A tu lado sembramos un ciruelo,
el que da las frutas que tanto te gustan

y todos los días lo regamos con agua
y con lágrimas”.

 Horacio Benavides / Conversación a Oscuras.
Fuente: Las2Orillas

Arturo Hernandez
Bogota D.C 2016

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